Soneto 11
Para que con su llama el alma inflame,
de quienes reverencian el amor,
convertiré estas rimas en vapor,
que cuando llueva, fértil, se derrame.
Sería el mundo, sí, menos infame,
si del candor viviese en derredor;
ni la maldad, ni el odio, ni el rencor,
degradarán el alma de quien ame.
Elevaré mis versos hasta el cielo,
para que se hagan nube caudalosa
y se derramen luego sobre el suelo,
cada vez que la lluvia en él se posa.
Yo pasaré, mas prenderá mi celo,
en quien sienta el latido de una rosa.
(miércoles, 28 de Septiembre 2005, en Santander)
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